En el siglo XIV salió en Inglaterra "El Lucero de La Reforma ", Juan Wiclef. Suscitado como Juan el Bautista para cumplir una misión especial, fue el heraldo de una nueva era.
Para él era el amor de Jehová el principio de la sabiduría. Se distinguió en el colegio por su ferviente piedad, a la vez que por su talento notable y su profunda erudición. Era maestro entendido y abnegado y predicador elocuente, cuya vida cotidiana era una demostración de las verdades que predicaba. Conforme iba discerniendo con mayor claridad los errores del papado, presentaba con creciente ardor las enseñanzas de la Biblia. Otro mal contra el cual el reformador sostuvo largo y reñido combate, fue la institución de las órdenes de los frailes mendicantes, que no tenian otro propósito que hacer a los demas reconocer la supremacia del papado, la adoracion de los santos y hacerles regalos, todo esto segun ellos, siendo suficiente para obtener un lugar en el cielo àhoy se dice que Dios es bueno y que no importa las cosas que uno hace que de todas formas va a llegar al cielo. Que error mas grande!
Los ídolos de Roma, que tambien existen entre nosotros hoy en dia: el orgullo, la avaricia y el engaño.
El trabajo mas grande de su vida iba a ser la traduccion de las Sagradas Escrituras. Lo llamaban tambien el “Doctor del Evangelio”.
La carta que dirigió al Papa es increíble. La carta presenta la mansedumbre y la santidad de Cristo en contraste con el orgullo y la bomba de papado.
Las características de uno de los principales reformadores y que deberian tambien de ser las nuestras: pureza de vida, actividad incansable en el estudio y el trabajo, integridad intachable, fidelidad en el ministerio y nobles sentimientos, que son los mismos que se notaron en Cristo Jesús. Y esto, no obstante la obscuridad intelectual y la corrupción moral de la época en que vivió y en la que vivimos.
El carácter de Wiclef es una prueba del poder educador y transformador de las Santas Escrituras. A la Biblia debió él todo lo que fue. El esfuerzo hecho para comprender las grandes verdades de la revelación imparte vigor a todas las facultades y las fortalece; ensancha el entendimiento, aguza las percepciones y madura el juicio. El estudio de la Biblia ennoblecerá como ningún otro estudio el pensamiento, los sentimientos y las aspiraciones. Da constancia en los propósitos, paciencia, valor y perseverancia; refina el carácter y santifica el alma. Un estudio serio y reverente de las Santas Escrituras, al poner la mente de quienes se dedicaran a él en contacto directo con la mente del Todopoderoso, daría al mundo hombres de intelecto mayor y más activo, como también de principios más nobles que los que pueden resultar de la más hábil enseñanza de la filosofía humana. "La entrada de tus palabras - dice el salmista - alumbra; a los simples les da inteligencia." Salmo 119:130.
“Por qué habláis de buscar lejos la corona del martirio?” - decía él. – “Predicad el Evangelio de Cristo a arrogantes prelados, y el martirio no se hará esperar. ¡Qué! ¿Viviría yo para quedarme callado? . . . ¡Nunca! ¡Que venga el golpe! Esperándolo estoy!”